Un “proyecto de inestabilidad y complot”, esa es la estrategia de la derecha nacional y extranjera contra el Gobierno de Evo Morales, según afirmó hoy el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana.

La autoridad, en entrevista con radio Patria Nueva, denunció que se pretende “quebrar” el proceso de cambio e instó a que exista una “condena pública” por “traición” contra los legisladores de oposición que pidieron a la administración de Donald Trump un pronunciamiento contra la repostulación y a favor de los resultados del 21F.

“Esta decisión del Senado corresponde con la naturaleza de lo que es su Gobierno, imperial, abusivo y arrogante, que cree que tiene el derecho y el deber, consagrado como algo divino, para dirigir el destino de los países del mundo“, sostuvo el titular.

Advirtió la existencia de un “espíritu servil, rastrero, indignante” del grupo de asambleístas que remitieron la misiva, quienes, a su juicio “se convierten en testaferros de Estados Unidos. Expresan el grado de domesticación para atentar contra su propio país, bajo la tutela mental y cultural de Estados Unidos”.

“Ofrecen al país a un Gobierno extranjero, esto es algo inimaginable, políticos de la derecha que piden una intervención abierta, explícita de una potencia extranjera. Hay una escalada de ataques contra el país, proyectos de inestabilidad, complot, operaciones subversivas dirigidas por las agencias de Estados Unidos”, denunció Quintana.

Resaltó que Bolivia “es un dolor de cabeza, una pesadilla, la piedra en el zapato” para la administración estadounidense, afirmando que la carta habría salido de la embajada norteamericana en La Paz. “Lo que debe preocupar es la manera, la conducta ruin de traición a la patria de este grupode parlamentarios, que deberían ser condenados públicamente”, reiteró.

“Este es el espíritu de la derecha entreguista que humilla al pueblo boliviano y ojalá que la población tenga conciencia sobre estas acciones que buscan echar sombras y quebrar el futuro y de impulsar un proyecto de desestabilización de la democracia en Bolivia“, concluyó.

El Deber